Identidad Cordillerana y Patrimonio Vivo: La Experiencia Turística en Curarrehue
juni 8, 2026
Villa Rica, ciudad con una rica historia de más de cuatro siglos, ha sido testigo de transformaciones profundas que han moldeado su identidad cultural, histórica y territorial. Desde los primeros asentamientos coloniales hasta el desarrollo urbano y social del siglo XX, esta región ha conservado un tejido histórico único que refleja tanto la presencia hispana como la ancestral cultura mapuche. Este artículo aborda, desde una perspectiva oficial y con base en información arqueológica y documental, los principales hitos que han configurado el desarrollo de la ciudad, con énfasis en su evolución urbana, cultural y social.
Durante el siglo XVI, Villa Rica fue un enclave significativo dentro del Reino de Chile, con una arquitectura típica de casas coloniales o solares hispanocriollos. Estos edificios eran construidos con adobe o ladrillos y tejas, fijados con una mezcla de cal, arena y huevos. Los vestigios arqueológicos evidencian que el área de Villa Rica tenía una proyección urbana notable, extendiéndose hacia el este y oeste. Por ejemplo, cimientos y restos de construcciones coloniales han sido encontrados en sectores como la calle Saturnino Epulef, pertenecientes a los terrenos de los señores Eduardo Negroni y Washington López. Además, en el área que actualmente ocupa la tienda "Sodimac Constructor", se halló una placa conmemorativa en latín que recordaba la visita del obispo de La Imperial, Antonio de San Miguel, en 1577. Esta pieza arqueológica pertenece hoy a la Diócesis de la Araucanía.
Un informe técnico arqueológico, realizado en 2003 por el arqueólogo José Saavedra, estableció que el “Sitio Sodimac” correspondía al lugar en que funcionó una antigua fábrica española de cerámica, ladrillos y tejas. Este hallazgo subraya la relevancia industrial y artesanal de Villa Rica en la época colonial y confirma la importancia del lugar como un centro de producción en el contexto de la región.
Los mapas de los siglos XVII, XVIII y XIX revelan una profunda conexión entre los antiguos habitantes de la zona y el entorno natural, especialmente los cursos de agua como el río Toltén, el lago Mallowelafkén, el lago Kalafkén y sus afluentes. Esta cartografía, junto con la etnografía y tradición mapuche local, permite reconstruir la estructura social y territorial de los pueblos ribereños que habitaron en la región.
Según los registros, los principales centros de convergencia social eran los llamados Rewas-Kavis y sus Aliwénes. Entre ellos, se destacaban el Kavi-Aliwén de Huichill-Huichill, ubicado en el actual radio urbano de Villa Rica y que limitaba al este con el Kavi-Aliwén de Putue o Wamputue. Esta división territorial se marcaba por el estero entubado bajo la actual calle General Carrera. Otros centros importantes incluían el Kavi-Aliwén de Mallowelafkén en el área de la actual “Puntilla del Sueño”, el Guenpive o Voipire cerca del nacimiento del río Voipir, y el Liumalla, Wallapulli y Mitarucawe a orillas del río Cruces.
Estos datos etnográficos y cartográficos son fundamentales para comprender la organización territorial ancestral y el modo de vida ribereño de los mapuches en la zona. Además, muestran cómo los ríos y lagos no solo eran fuentes de subsistencia, sino también espacios de intercambio, ritual y convivencia social.
A mediados del siglo XIX, la historia oficial registra la presencia de importantes asentamientos indígenas en el área de Villa Rica. Durante la “Campaña de Arauco”, liderada por el Coronel Cornelio Saavedra, el Intendente de Valdivia, don Rafael García, realizó un cuadro estadístico de la población mapuche y sus representantes en la región. Este documento, fechado el 1º de abril de 1868, fue remitido al Comandante en Jefe de la Baja Frontera y se incluye en la obra “Ocupación de Arauco” del mismo autor.
El informe destacaba la diferencia entre los mapuches que vivían en la costa (playa) y aquellos que habitaban la zona marítima propiamente dicha. En el área de Villa Rica se identificaron varias reducciones ribereñas, como Kumuy, Donghill, Molko, Pitrufquén y Villa Rica. Este registro histórico confirma el carácter ribereño o lafkenche de los antiguos habitantes de la región, cuya vida estaba estrechamente ligada al río Toltén y sus afluentes.
A principios del siglo XX, el transporte y la comunicación se convirtieron en pilares fundamentales para el desarrollo de Villa Rica. En 1930, se concluyó el mejoramiento del camino entre Villa Rica y Pukön, permitiendo el uso de la primera "góndola" o micro perteneciente a don Enrique Félis, que facilitó el transporte de pasajeros y extendió sus servicios hasta Freire y Temuco.
En 1933, la inauguración del ramal ferroviario de Villa Rica marcó un hito crucial en la conexión comercial de la ciudad con el resto del país. Ese mismo año se instalaron las primeras grandes industrias madereras, lo que generó empleo y atrajo a nuevos habitantes. Este desarrollo industrial dio lugar a la formación de una comunidad diversa y dinámica, con familias que encontraron en Villa Rica un lugar para establecerse y prosperar.
En 1942, la Dirección de Obras Fiscales (actualmente Dirección de Vialidad del Ministerio de Obras Públicas) instaló una oficina y taller de maquinarias para la mantención de la red vial lacustre y sus puentes. Este esfuerzo infraestructural contribuyó a la conectividad y accesibilidad de la región, facilitando la movilidad de personas y mercancías.
El desarrollo educativo en Villa Rica también tuvo un impacto significativo. En 1942, la Señorita Elena García, junto con 30 alumnos, inició las actividades de la “Escuela Parroquial Nº 62 del Barrio Obrero Pukara”, cuyas primeras dependencias se ubicaron en la calle Aviador Acevedo. En 1945, el Sr. Humberto Becker donó una hectárea de terreno para construir una nueva escuela misional, que se mantuvo bajo el amparo eclesiástico. En 1947 se construyó la primera capilla del colegio, y en 1951 llegaron las primeras Hermanas Franciscanas de Purulón, lo que marcó un nuevo período en la historia educativa de la región.
Para 1951, la Escuela Pukara ya contaba con 150 alumnos. Tras un cambio de dirección, la Señorita Elena García fundó la “Escuela Particular Darío Salas” en la esquina suroeste de la intersección de calles Colo Colo y Presidente Ríos, destinada a favorecer a los hijos de los obreros madereros del área urbana sur de Villa Rica. Este esfuerzo educativo refleja el compromiso de la comunidad con el desarrollo humano y el acceso a la educación.
A lo largo de su historia, Villa Rica ha sido el hogar de destacadas figuras que han dejado su huella en diversos ámbitos. El villarricano Onofre Reichart, hermano capuchino, es recordado por su legado sin fronteras. Don Carlos Lucas fue galardonado con una merecida medalla olímpica, mientras que los hermanos Luz y Rodrigo Vergara lograron la primera clasificación de una pareja en un nacional de cueca.
Patricia Vhymeister, Víctor Cárcamo, Karel Rubeska y Joel Mayo destacaron en competencias nacionales e internacionales. La elección de la Sra. Ingrid Prambs como primera autoridad comunal en la historia de la ciudad también marcó un hito significativo. Estos logros reflejan el talento y la perseverancia de los villarricanos, quienes han contribuido al enriquecimiento cultural y social del país.
El desarrollo urbano de Villa Rica ha sido impulsado por proyectos que responden a las necesidades de la comunidad y a las perspectivas futuras. En el año 2005, el 95% de la electrificación comunal se logró, un avance crucial para el bienestar de los habitantes. Asimismo, se avanzó en la creación de la Provincia de Villa Rica y en la formación de la comuna de Licán Ray, lo que consolidó la autonomía y gestión local.
La construcción del nuevo puente sobre el nacimiento del río Torteen y la materialización de la costanera son ejemplos de obras que han transformado el paisaje y han mejorado la calidad de vida de los residentes. Estos proyectos no solo son infraestructura, sino también símbolos de progreso y cohesión comunitaria.
Villa Rica, con su rica historia de más de cuatro siglos, es un testimonio vivo de la convivencia entre la tradición mapuche y la influencia colonial. Desde los primeros asentamientos y la arquitectura colonial, hasta los avances en transporte, educación y desarrollo urbano, la ciudad ha evolucionado manteniendo su esencia y valores. Cada hito histórico y cada logro social refleja el esfuerzo colectivo de los villarricanos, quienes han contribuido al crecimiento sostenible y al enriquecimiento cultural de la región.
La preservación de su patrimonio histórico y natural es fundamental para garantizar que futuras generaciones puedan disfrutar de la riqueza que ha construido esta comunidad. Villa Rica no solo es una ciudad, sino también una “patria chica” que cobija a sus habitantes con un legado cultural y un sentido de identidad que trasciende el tiempo.