El Horizonte del Biobío: Un Recorrido Exhaustivo por el Patrimonio, la Naturaleza y la Identidad de Concepción
juni 11, 2026
El comercio ambulante en Chile representa un fenómeno socioeconómico complejo que trasciende la simple actividad de venta en la vía pública. Lejos de ser un fenómeno estático, esta práctica ha experimentado una evolución significativa, especialmente en la Región Metropolitana, donde la interacción entre oferta, demanda, normativa municipal y percepción ciudadana ha creado un ecosistema dinámico y, a menudo, conflictivo. Los estudios recientes y las iniciativas legislativas en curso revelan que el comercio ambulante no es solo una cuestión de ordenamiento urbano, sino un reflejo de las dinámicas de supervivencia, las estructuras familiares y las deficiencias en la fiscalización de los espacios públicos.
La comprensión profunda de este fenómeno requiere analizar múltiples dimensiones: desde la perspectiva de los propios comerciantes hasta las estrategias de control de los municipios y la reacción de la sociedad civil. La literatura académica y los informes gubernamentales coinciden en que la erradicación del comercio ilegal no puede lograrse simplemente mediante multas o desalojos, ya que la raíz del problema reside en la relación intrínseca entre quien vende y quien compra. La demanda de los ciudadanos es el motor que mantiene viva esta actividad, independientemente de las normativas restrictivas.
Uno de los hallazgos más críticos en la investigación sobre el comercio ambulante es la naturaleza simbiótica entre el vendedor y el comprador. Como señala el investigador Nicolás Valenzuela, muchas veces la sociedad tiende a culpar exclusivamente al vendedor por las incivilidades o el desorden, pero la realidad es que el comercio ambulante "siempre está donde les compran". Esta observación es fundamental para entender por qué las medidas de control a menudo fallan: si existe una demanda sostenida de productos a precios accesibles o servicios rápidos en la calle, la oferta se adaptará para satisfacerla.
La ubicación geográfica del comercio ambulante no es aleatoria; responde a patrones de flujo de personas y conexiones urbanas. En la comuna de Santiago, el comercio se concentra en ejes estratégicos como el Paseo Puente, que conecta la Plaza de Armas con el sector de La Vega. Estos espacios no son meros puntos de venta, sino nodos de interacción social y económica. La presencia de vendedores en parques, plazas y extremos de ferias libres indica una adaptación al entorno urbano, aprovechando la alta densidad de población flotante.
La investigación cualitativa realizada en la comuna de Santiago, que incluyó entrevistas semiestructuradas con 27 comerciantes, reveló que estos actores económicos operan en espacios específicos como parques y plazas donde se realizan ferias culturales y ferias de las pulgas. El análisis de estas interacciones muestra que los comerciantes no son meros infractores pasivos, sino actores racionales que buscan maximizar sus ingresos en zonas de alta afluencia. La dinámica de la oferta y la demanda es tan fuerte que, incluso con el endurecimiento de las normativas municipales, el comercio persiste porque la base social que lo sostiene sigue activa.
Para comprender la magnitud humana detrás del fenómeno, es esencial analizar el perfil de quienes ejercen esta actividad. El estudio de caracterización del comercio ambulante en la Región Metropolitana, impulsado por el Gobierno de Santiago y el Centro de Políticas Públicas de la UC, arrojó datos reveladores sobre la composición de este sector.
Los hallazgos indican que el comercio ambulante es una actividad desarrollada de manera equilibrada por hombres y mujeres. La edad predominante de los vendedores se ubica entre los 30 y los 49 años, lo que sugiere que se trata de adultos en plena etapa productiva. En cuanto al nivel educativo, la mayoría de los comerciantes cuenta con enseñanza media completa, lo que desmiente la noción de que esta actividad es exclusiva de personas con bajo nivel educativo.
Un aspecto crucial del estudio es el rol de género y familiar. Se evidencia que una proporción significativa de los vendedores son jefes o jefas de hogar que tienen a su cargo el cuidado de niñas y niños. Esto implica que el comercio ambulante no es solo una fuente de ingresos, sino una estrategia de supervivencia familiar donde la actividad económica y el cuidado de menores se entrelazan en el espacio público. La satisfacción con la actividad es notable: el estudio reveló que más de la mitad de los vendedores no dejarían esta ocupación, y un 5 de cada 6 vendedores declaró estar satisfecho con su trabajo. Esta satisfacción puede deberse a la autonomía que les brinda la actividad y a la capacidad de sostener a sus familias en un contexto de vulnerabilidad económica.
A continuación, se presenta una síntesis de las características principales de los comerciantes según los estudios disponibles:
| Característica | Descripción Detallada |
|---|---|
| Género | Distribución equilibrada entre hombres y mujeres. |
| Edad | Mayoría entre 30 y 49 años. |
| Educación | Predominancia de enseñanza media completa. |
| Rol Familiar | Son jefes de hogar con hijos a su cargo. |
| Satisfacción | 5 de cada 6 vendedores están satisfechos con su actividad. |
| Persistencia | Más del 50% indica que no abandonarían el comercio ambulante. |
La gestión del comercio ambulante representa un desafío constante para las autoridades municipales, especialmente en zonas de alta densidad poblacional. En la Región Metropolitana, se han identificado "puntos calientes" donde el control es difícil debido a la alta población flotante, la presión sobre el espacio público y la limitada dotación de Carabineros. La investigadora de la Universidad de Chile destaca que el comercio informal se instala con mayor facilidad en lugares con menor control policial o fiscalización municipal, así como en las zonas limítrofes entre comunas, donde la jurisdicción es difusa y la vigilancia es más compleja.
La situación en la comuna de Santiago es ilustrativa de este problema. Aunque no existen recuentos oficiales precisos sobre el número total de comerciantes, las cifras de infracciones cursadas a comerciantes ambulantes ascendieron a más de 11.000 durante el año 2015. Esta cifra ha estado en ascenso durante los últimos años, lo que refleja tanto el crecimiento del fenómeno como el endurecimiento de las normativas municipales. Sin embargo, el aumento de las multas no ha logrado erradicar la actividad, lo que sugiere que la estrategia puramente punitiva es insuficiente.
Los puntos críticos se concentran en áreas específicas de la Región Metropolitana. En la comuna de Independencia, destacan las estaciones Hospitales y Plaza Chacabuco, el terminal de flores, y las avenidas El Guanaco, Central, Hipódromo e Inglaterra, además del exterior del Mall Barrio Independencia. En Estación Central, el tipo de producto comercializado varía según la zona: en sectores como Las Rejas, San Alberto Hurtado y el entorno de los terminales, predomina la venta de comida. Esta especialización geográfica demuestra que el comercio ambulante se adapta a las necesidades específicas de cada micro-entorno.
Ante la complejidad del problema, se han desarrollado iniciativas legislativas para dotar a los municipios de herramientas más efectivas. Una propuesta de ley que modifica la Ley Orgánica Constitucional de Municipalidades ha sido derivada a la Comisión de Gobierno del Senado para su estudio. Esta iniciativa busca entregar mecanismos de control del comercio ambulante informal e ilegal, con el objetivo de recuperar los espacios públicos afectados.
La propuesta establece varias medidas clave para fortalecer la fiscalización: - Las municipalidades podrán adoptar acciones y medidas para la recuperación de espacios públicos afectados por el comercio ilegal. - Se fortalece la fiscalización de los permisos que se otorgan para el comercio, estableciendo la obligación de informar sobre esto en la cuenta pública anual del alcalde. - Se contempla la designación de delegados específicos para prevenir y detectar el comercio ambulante o estacionado en la vía pública. - Se establece que el comercio ambulante informal e ilegal será fiscalizado por Carabineros de Chile e inspectores fiscales o municipales. - Se disponen sanciones para los infractores, con multas que oscilan entre media unidad tributaria mensual y dos unidades tributarias mensuales.
Esta iniciativa busca cerrar la brecha entre la norma y la realidad, otorgando a los alcaldes herramientas más claras para gestionar el espacio público. Sin embargo, la efectividad de estas medidas dependerá de la capacidad de implementación y de la coordinación entre los diferentes organismos de control.
La relación entre la sociedad y el comercio ambulante es tensa y a menudo negativa. Según la Encuesta Nacional sobre el comercio ilícito y contrabando en Chile del año 2024, un 37% de la población asocia de forma espontánea el comercio ambulante a la comisión de delitos. Esta percepción es aún más alarmante en el caso del comercio ilegal, donde la cifra asciende al 68%.
Este dato revela que la línea que permite diferenciar al comercio informal del ilegal se ha ido desdibujando en la mente de la ciudadanía. La población ha formado una opinión mayormente negativa de estas actividades, asociándolas con la delincuencia y el desorden urbano. Según el informe de la iniciativa legislativa, este tipo de comercio afecta la recaudación fiscal, la seguridad pública y los espacios públicos.
La estigmatización del comercio ambulante ignora a menudo las razones socioeconómicas que impulsan esta actividad. Mientras que los estudios muestran que los vendedores son, en su mayoría, personas que buscan sustentar a sus familias, la percepción social tiende a verlos como una amenaza al orden público. Esta brecha entre la realidad de los vendedores y la percepción de la sociedad es un obstáculo adicional para encontrar soluciones integrales que no sean meramente punitivas.
La complejidad del fenómeno se agrava por la proliferación del comercio ambulante en distintos lugares de la Región Metropolitana, especialmente después de la pandemia. La crisis sanitaria pudo haber acelerado la necesidad de ingresos alternativos, lo que aumentó la presión sobre el espacio público y la dificultad de las autoridades para mantener el orden.
El comercio ambulante en Chile es un fenómeno multifacético que no puede ser entendido desde una sola perspectiva. La evidencia recabada de estudios académicos, informes gubernamentales y propuestas legislativas demuestra que la actividad es sostenida por una demanda social real y que los vendedores son, en su mayoría, jefes de hogar que buscan sostener a sus familias. Sin embargo, la percepción social negativa y la falta de mecanismos de control efectivos han generado un conflicto persistente entre la legalidad y la supervivencia económica.
Las iniciativas legislativas en curso buscan empoderar a los municipios con herramientas de fiscalización más robustas, pero su éxito dependerá de cómo se equilibren las medidas de control con la comprensión de las dinámicas sociales subyacentes. La solución al problema del comercio ambulante no reside únicamente en la aplicación de multas o en la erradicación forzada, sino en la capacidad de las autoridades para gestionar el espacio público de manera que respete tanto el orden urbano como las necesidades de la población.
La clave para avanzar en este tema radica en reconocer que el comercio ambulante es un síntoma de necesidades no satisfechas en el mercado formal y de la capacidad de adaptación de los ciudadanos a un entorno urbano en constante cambio. Mientras la demanda de los compradores siga existiendo, la oferta de los vendedores persistirá, independientemente de las sanciones. Por tanto, cualquier estrategia efectiva debe abordar tanto el lado de la oferta como el de la demanda, integrando políticas de ordenamiento urbano con programas de inclusión económica y social.