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juni 11, 2026
En las últimas décadas, el campo de los estudios migratorios en Chile ha evolucionado significativamente, reflejando la creciente complejidad de los patrones migratorios en el país. Este cambio no solo se ha manifestado en la diversidad y cantidad de migrantes que llegan al país, sino también en la emergencia de nuevas temáticas que exigen una mirada más profunda y crítica. Una de esas temáticas es el estudio de las llamadas "segundas generaciones", es decir, hijas e hijos de inmigrantes nacidos en Chile. Este artículo busca explorar el surgimiento de este objeto de estudio, sus principales características, y el marco conceptual en el cual se desarrolla.
Chile ha experimentado un aumento notable en la llegada de migrantes de distintos países, especialmente de América del Sur, tales como Perú, Colombia, Bolivia y Ecuador. Este fenómeno no es nuevo, pero ha adquirido una dimensión más compleja en los últimos años, generando nuevas dinámicas sociales, culturales y políticas. En este contexto, las segundas generaciones, es decir, las hijas e hijos de inmigrantes nacidos en Chile, han comenzado a recibir mayor atención en los estudios sociológicos y antropológicos.
Estas generaciones representan una población que, aunque nacida en Chile, lleva consigo la herencia cultural y, en muchos casos, las dificultades de sus familias inmigradas. La presencia de estas segundas generaciones plantea cuestiones clave sobre identidad, integración social, acceso a la educación, y la relación entre ciudadanía y pertenencia. En este marco, el estudio de las segundas generaciones se convierte en un tema central para entender el desarrollo social y cultural del país.
Las segundas generaciones son definidas como los hijos de inmigrantes nacidos en el país de acogida. En el caso de Chile, estas son personas que, aunque nacen o residen en el país desde su nacimiento, comparten orígenes culturales y familiares con comunidades inmigradas. Este grupo no solo enfrenta desafíos asociados a la dualidad cultural, sino también a la discriminación y a la exclusión en ciertos contextos.
Según el artículo de Pavez-Soto y Sepúlveda Kattan (2019), las segundas generaciones pueden divergir significativamente dependiendo de su capacidad para superar las expectativas sociales impuestas en Chile. Estas expectativas incluyen la naturalización de nichos laborales y lugares de exclusión social relacionados con su condición migratoria. Además, su integración social también depende de si adoptan o no los valores del joven neoliberal chileno, como la individualidad, la meritocracia y el emprendimiento.
La socialización de las segundas generaciones en Chile es un tema clave en los estudios migratorios. Como señala Damert y Erlangsen (2020), la interacción entre las identidades culturales heredadas y la cultura dominante chilena puede dar lugar a procesos complejos de adaptación. Estos procesos no siempre son lineales ni exitosos, y su resultado depende de múltiples factores, como el acceso a la educación, la disponibilidad de oportunidades laborales, y el contexto social en el cual las personas viven.
Un aspecto destacado es la importancia de la educación en la integración de las segundas generaciones. Según estudios de la OCDE (2021), los estudiantes con antecedentes migratorios suelen enfrentar barreras estructurales que limitan su acceso a oportunidades académicas y laborales. Sin embargo, su esfuerzo y mérito también han sido destacados como elementos clave para superar estas barreras. Este enfoque, sin embargo, puede ser cuestionado, ya que no siempre considera las condiciones estructurales que dificultan el éxito escolar y profesional de estas personas.
La cuestión de la identidad es otro tema central en el estudio de las segundas generaciones. Estas personas a menudo se identifican con múltiples culturas, lo que puede generar una sensación de pertenencia ambigua o conflictiva. En algunos casos, esto lleva a una rechazo de las identidades heredadas, mientras que en otros, se convierte en un motor de resistencia y empoderamiento.
Estudios como los de Terrén (2011) han señalado que las identidades desterritorializadas, como las de las segundas generaciones, no solo reflejan una dualidad cultural, sino también una complejidad emocional y social. Esto plantea preguntas importantes sobre cómo las políticas públicas pueden reconocer y apoyar a estos grupos en su proceso de identificación y socialización.
Una de las dimensiones más problemáticas en la experiencia de las segundas generaciones es la racialización, un proceso en el cual las personas son categorizadas y estereotipadas según su origen étnico o cultural. En Chile, como señala Stefoni (2016), la piel, la ascendencia y la cultura han sido elementos clave en la construcción de identidades sociales y en la asignación de roles.
Este proceso de racialización no solo afecta a las personas de origen inmigrante, sino también a sus descendientes, quienes pueden enfrentar discriminación y estereotipos negativos. La discriminación percibida puede tener un impacto negativo en la salud mental y el bienestar de estas personas, como se ha documentado en estudios como el de LaHoz y Forns (2016), donde se analiza la situación de los migrantes peruanos en Santiago.
Frente a los desafíos que enfrentan las segundas generaciones, es fundamental contar con políticas públicas que promuevan la integración y la equidad. En este sentido, el artículo de Pavez-Soto y Galaz Valderrama (2018) propone una mirada desde una perspectiva de inclusión social, destacando la importancia de reconocer los derechos de las hijas e hijos de inmigrantes y de garantizar su acceso a servicios esenciales como la educación, la salud y la vivienda.
Además, las políticas públicas deben considerar las particularidades de las segundas generaciones, ya que estas no son un grupo homogéneo. Por ejemplo, su situación puede variar según el lugar de origen, el nivel socioeconómico de la familia, o la comunidad en la cual viven. Por lo tanto, las políticas deben ser flexibles y adaptadas a las realidades locales.
Los estudios sociológicos y antropológicos han jugado un papel fundamental en el desarrollo del campo de los estudios migratorios en Chile. Autores como Alarcón, Parella y Yiu (2014) han destacado la importancia de analizar las ambiciones educativas y ocupacionales de las segundas generaciones, no solo desde una perspectiva individual, sino también desde una perspectiva estructural.
Estos estudios han permitido identificar patrones comunes y diferencias específicas entre las segundas generaciones, lo cual ha enriquecido la comprensión del fenómeno migratorio. Además, han señalado la necesidad de desarrollar metodologías de investigación que consideren la diversidad y la complejidad de estas poblaciones.
El estudio de las segundas generaciones en Chile es un tema emergente que requiere una atención especial por parte de académicos, políticos y la sociedad en general. Estas personas, aunque nacidas en el país, llevan consigo una historia migratoria que influye en su identidad, su socialización y sus oportunidades. El análisis de este fenómeno no solo permite comprender mejor los desafíos que enfrentan estas poblaciones, sino también reflexionar sobre cómo pueden ser apoyadas por las políticas públicas y la sociedad en general.
La complejidad de la integración, la identidad y la discriminación son temas que no solo afectan a las segundas generaciones, sino también al desarrollo social y cultural de Chile. Por lo tanto, es fundamental continuar investigando y promoviendo un enfoque inclusivo y equitativo que considere las particularidades de estas personas.