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juni 11, 2026
La automedicación ha emergido como un fenómeno de relevancia creciente en la salud pública de Chile. Aunque puede ser una práctica aparentemente inocua, su uso inadecuado o frecuente conduce a riesgos significativos, desde reacciones adversas hasta el enmascaramiento de enfermedades más graves. En el contexto del Municipio de Villarrica, es fundamental comprender esta problemática desde una perspectiva epidemiológica, social y educativa, con el fin de impulsar estrategias preventivas y de promoción de la salud.
Este artículo presenta un análisis basado en datos recientes y en estudios nacionales, con el objetivo de informar a la población, especialmente a los residentes de Villarrica, sobre la magnitud de la automedicación, los grupos más afectados, los medicamentos más comúnmente utilizados sin supervisión médica y los riesgos asociados. Además, se aborda la importancia de los sistemas de vigilancia y de la educación como herramientas claves para reducir la incidencia de esta práctica.
La automedicación se define por la Organización Mundial de la Salud como el uso de medicamentos por parte de las personas para tratar síntomas o enfermedades que identifican por sí mismas. Este tipo de comportamiento, aunque puede ser útil en casos menores como un resfriado o un dolor leve, se convierte en un riesgo cuando se realiza de forma repetida, con medicamentos no adecuados, o sin supervisión profesional.
En Chile, según datos de la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017, el 25,9% de la población se automedica, lo que equivale a una de cada cuatro personas en el país. Este porcentaje, aunque no elevado en apariencia, adquiere relevancia al considerar que se trata de un comportamiento extendido y con implicaciones directas para la salud colectiva.
La automedicación no es una práctica aislada, sino un comportamiento que trasciende diversos grupos sociales. Los datos recopilados muestran que los grupos más propensos a esta práctica incluyen:
Estos datos reflejan una situación compleja, en la que la automedicación no se concentra en un solo perfil poblacional, sino que afecta a diversos sectores de la sociedad.
El análisis epidemiológico también revela un consumo generalizado de medicamentos en la población chilena. El 58% de los chilenos consume al menos un medicamento al día, lo que evidencia un uso extendido de fármacos en la vida cotidiana. Este dato adquiere una mayor gravedad cuando se considera que el 13% de la población consume cinco o más medicamentos simultáneamente, una situación conocida como polifarmacia.
La polifarmacia es especialmente preocupante cuando se realiza sin supervisión médica adecuada, ya que aumenta el riesgo de interacciones adversas, efectos secundarios y dependencia. Un dato relevante es que las mujeres muestran una mayor propensión a esta práctica, representando el 66% de los casos de consumo simultáneo de múltiples medicamentos.
Entre los medicamentos más utilizados sin indicación médica, se destacan:
En el caso de los medicamentos para bajar de peso, se ha detectado un uso creciente y peligroso de sustancias como liraglutida, semaglutida y fentermina, muchas veces adquiridas sin receta o incluso por vía ilegal. Este fenómeno ha llevado al Instituto de Salud Pública (ISP) a emitir alertas sanitarias sobre productos falsificados o adulterados que se venden con fines de “adelgazamiento”.
El uso de medicamentos sin indicación médica conlleva una serie de riesgos para la salud individual y colectiva:
Además, la compra de medicamentos en lugares no autorizados (13,2% de la población) también representa un riesgo, ya que no se garantiza la calidad, la autenticidad o la seguridad de los productos adquiridos.
La automedicación se desarrolla por una variedad de motivos. Según un análisis de la consultora Evidence-based Behavioral Innovations (EBBI), los principales factores incluyen:
También se ha señalado que muchas personas creen estar bien informadas gracias a la disponibilidad de información en plataformas digitales. Sin embargo, la falta de conocimiento especializado o la exposición a información incorrecta puede llevar a decisiones riesgosas.
Dado el alcance de la problemática, se han propuesto varias estrategias para mitigar los riesgos asociados a la automedicación:
Se hace necesario implementar programas educativos que aborden los riesgos de la automedicación, promoviendo el uso responsable de los medicamentos. Estos programas deben enfatizar la importancia de la consulta médica profesional y el acceso adecuado a los servicios de salud.
Los sistemas de vigilancia deben ser reforzados para monitorear el uso inadecuado de medicamentos y sus consecuencias. Esto incluye el seguimiento de casos de intoxicación, reacciones adversas y resistencia antimicrobiana.
Reducir la necesidad de automedicación implica mejorar el acceso a la atención médica oportuna y de calidad. Esto puede lograrse mediante la expansión de servicios de salud primaria, la reducción de costos y la promoción de la prevención.
La automedicación es una práctica extendida en Chile, afectando a una proporción significativa de la población. Según datos de la Encuesta Nacional de Salud, el 25,9% de los chilenos se automedica, con mayor prevalencia en hombres, adultos mayores de 45 años, residentes urbanos y personas con educación media. El consumo generalizado de medicamentos, en particular el uso simultáneo de múltiples fármacos (polifarmacia), eleva los riesgos para la salud, especialmente cuando no hay supervisión médica adecuada.
Los medicamentos más frecuentemente utilizados sin indicación incluyen analgésicos, antiinflamatorios y ansiolíticos, así como sustancias para el control de peso. Este fenómeno ha generado alertas sanitarias por el uso de productos ilegales o falsificados, especialmente en internet.
Para abordar esta problemática, se requiere un enfoque multidimensional que incluya educación en salud, fortalecimiento de sistemas de vigilancia y mejora del acceso a servicios médicos. El Municipio de Villarrica puede desempeñar un rol clave en la promoción de la salud pública, impulsando campañas educativas y colaborando con las autoridades sanitarias para garantizar una mejor protección de la salud de sus ciudadanos.