El Horizonte del Biobío: Un Recorrido Exhaustivo por el Patrimonio, la Naturaleza y la Identidad de Concepción
juni 11, 2026
El Volcán Calbuco, ubicado en la región de Los Lagos, es uno de los volcanes más activos y peligrosos de Chile, ubicándose en tercer lugar en términos de riesgo volcánico, solo superado por los volcanes Villarrica y Llaima. Su erupción del 22 de abril de 2015 marcó un antes y un después en la percepción pública y científica del volcán. A seis años de ese evento, el debate sobre la necesidad de un mapa actualizado de riesgo volcánico y la importancia de los planes de emergencia sigue siendo prioritario.
Por otro lado, Villarrica, ubicado en la comuna que lleva su nombre, es conocido no solo por su actividad volcánica constante, sino también por ser un punto de interés turístico de gran relevancia. Su ubicación privilegiada, cercana a la ciudad de Villarrica, permite a los visitantes observar la erupción en tiempo real y realizar actividades al aire libre en un entorno natural único.
Este artículo busca presentar una visión integral sobre ambos volcanes, destacando sus características geológicas, sus historiales eruptivos, los peligros asociados y las lecciones aprendidas tras la erupción de 2015. Además, se analiza la importancia de contar con estrategias de preparación y mitigación del riesgo en comunidades cercanas a zonas volcánicas activas.
El Volcán Calbuco es conocido como un estrato volcán, es decir, un volcán compuesto por capas alternas de lava y material piroclástico. Este tipo de formación lo hace propenso a erupciones explosivas de gran intensidad. Según estudios geológicos, el Calbuco ha tenido una erupción cada 23 años en promedio durante los últimos cinco siglos. Las erupciones más significativas documentadas ocurrieron en los años 1893, 1961 y 2015, esta última siendo una de las más grandes de las últimas dos décadas.
El volcán se encuentra dentro de la Reserva Nacional Llanquihue, un área natural protegida que atrae a visitantes interesados en actividades como senderismo, fotografía y observación de la flora y fauna local. A pesar de su atractivo turístico, el volcán representa un riesgo importante debido a la posibilidad de lahares, flujos piroclásticos y emisiones de cenizas que pueden afectar comunidades cercanas.
La erupción del 2015 fue un evento inesperado que puso a prueba los sistemas de monitoreo y alerta temprana existentes. Según los relatos de testigos y autoridades, los primeros indicios de la erupción comenzaron con un enjambre de temblores tres horas antes de la explosión, pero los signos no fueron suficientes para anticipar el evento con tiempo suficiente. La columna eruptiva alcanzó una altura de 15 km y permaneció activa durante casi un mes, generando una intensa actividad volcánica que incluyó la emisión de cenizas, flujos piroclásticos y lahares.
La localidad de Ensenada, ubicada en la comuna de Puerto Varas, fue una de las más afectadas. Fue completamente cubierta de cenizas, lo que obligó a la evacuación temporal de 6.685 personas en las zonas cercanas al volcán. El Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) y la Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior (ONEMI) trabajaron en conjunto para coordinar la evacuación y establecer un perímetro de seguridad de 20 km alrededor del volcán.
Este evento no solo tuvo implicaciones para la población local, sino que también generó un debate nacional sobre la importancia de contar con planes de emergencia actualizados y sistemas de alerta más efectivos. Según expertos consultados, la falta de precursores prolongados en esta erupción resaltó la necesidad de prepararse para eventos inesperados, especialmente en zonas volcánicas activas.
La erupción del Calbuco en 2015 no solo fue un recordatorio de la potencia de la naturaleza, sino también de la importancia de la educación ciudadana y la planificación en casos de emergencia. A pesar de que el volcán ya era considerado uno de los más peligrosos de Chile, la magnitud y el carácter inesperado de la erupción llevaron a una revisión de los mapas de riesgo volcánico y a la actualización de los planes de contingencia a nivel regional y comunal.
Según Álvaro Amigo, jefe de la Red Nacional de Vigilancia Volcánica del Sernageomin, el Calbuco ha subido al segundo lugar en el ranking de riesgo volcánico del país, solo superado por Villarrica. Esta reevaluación se basa en su historial eruptivo reciente, el impacto potencial de sus emisiones y la alta densidad poblacional en las zonas cercanas. Según Amigo, la importancia de contar con mapas actualizados es fundamental para evitar la pérdida de la noción de la recurrencia eruptiva y para garantizar que las comunidades puedan tomar decisiones informadas sobre la ubicación de sus asentamientos.
A diferencia del Calbuco, el Volcán Villarrica se encuentra en una ubicación más accesible y es conocido por su actividad volcánica continua y relativamente estable. Su ubicación en la comuna de Villarrica lo convierte en un punto de interés turístico de gran relevancia, ya que permite a los visitantes observar la erupción en tiempo real desde ciertos miradores. Además, la región ofrece una variedad de actividades al aire libre, desde senderismo hasta observación de flora y fauna.
Desde el punto de vista geológico, Villarrica es un estrato volcán activo que ha tenido una historia eruptiva relativamente constante. Aunque no se ha reportado una erupción de gran magnitud en los últimos años, el volcán sigue siendo vigilado por el Sernageomin debido a su potencial para generar flujos piroclásticos y emisiones de cenizas que podrían afectar a las comunidades cercanas.
Aunque ambos volcanes son considerados de alto riesgo en Chile, hay diferencias significativas en su comportamiento eruptivo y en los tipos de peligros que representan para las comunidades cercanas.
El Calbuco, por su naturaleza explosiva y la presencia de nieve y glaciares en su cima, es especialmente susceptible a lahares, que son flujos de sedimento volcánico y agua que pueden arrasar con todo a su paso. En cambio, Villarrica, aunque también capaz de generar flujos piroclásticos, no tiene glaciares en su cima, lo que reduce el riesgo de lahares en su entorno.
Otra diferencia importante es la frecuencia de sus erupciones. El Calbuco, como se mencionó, ha tenido una erupción cada 23 años en promedio, mientras que Villarrica ha mostrado una actividad más constante y menos explosiva. Esto no significa que Villarrica sea menos peligroso, sino que los tipos de amenazas son distintos y requieren estrategias de preparación adaptadas a cada caso.
Tanto para el Calbuco como para Villarrica, la importancia de contar con planes de emergencia actualizados y sistemas de alerta temprana no puede ser subestimada. En el caso del Calbuco, la erupción de 2015 puso de manifiesto la necesidad de contar con un mapa de riesgo volcánico actualizado que permita a las autoridades y la población civil actuar con rapidez y precisión en caso de una emergencia.
En cuanto a Villarrica, aunque la actividad volcánica es más constante y predecible, no se puede descartar la posibilidad de una erupción de mayor magnitud que afecte a las comunidades cercanas. Por ello, es fundamental que las autoridades locales trabajen en conjunto con instituciones científicas para mantener actualizados los planes de contingencia y realizar campañas de educación ciudadana que preparen a la población para actuar de manera adecuada en caso de una emergencia.
Desde la erupción de 2015, el Volcán Calbuco se ha mantenido en un estado de relativa calma. Según informes del Sernageomin, no se han observado signos de deformación ni actividad fumarólica significativa, lo que indica que el volcán se encuentra en un periodo de inactividad. Sin embargo, los expertos insisten en que esta calma es solo temporal y que el volcán puede reactivarse en cualquier momento.
Actualmente, el volcán es vigilado constantemente mediante una red de instrumentos que monitorea la actividad sísmica y la presión interna. A pesar de los avances tecnológicos, los científicos reconocen que los fenómenos volcánicos siguen siendo complejos y difíciles de predecir con total precisión. Por ello, la importancia de estar preparados para eventos inesperados es fundamental.
El Volcán Villarrica, por su parte, continúa siendo uno de los volcanes más activos de Chile. Aunque no ha tenido una erupción de gran magnitud en los últimos años, su actividad volcánica sigue siendo monitoreada de cerca por el Sernageomin. En general, el volcán mantiene una actividad relativamente estable, con emisiones constantes de gases y una actividad fumarólica moderada.
A pesar de esto, los expertos recomiendan que las comunidades cercanas no se relajen con respecto a la posibilidad de una erupción más intensa. Afortunadamente, la ubicación del volcán permite a las autoridades tener un tiempo de respuesta más amplio en caso de una emergencia, lo que puede ayudar a minimizar los impactos en la población local.
La investigación científica y el monitoreo volcánico son elementos clave para la gestión del riesgo en zonas volcánicas activas. En el caso del Volcán Calbuco, los estudios recientes han permitido reconstruir la historia eruptiva del volcán, identificando eventos que no estaban documentados previamente. Este tipo de investigación no solo ayuda a entender el comportamiento del volcán, sino que también permite mejorar los modelos de predicción y los mapas de riesgo.
En cuanto a Villarrica, el monitoreo constante de su actividad ha permitido a los científicos desarrollar estrategias de alerta temprana más efectivas. Además, la interacción entre los científicos y las comunidades locales ha facilitado la difusión de información sobre los riesgos asociados a la actividad volcánica, lo que contribuye a una mayor conciencia ciudadana y a una mejor preparación para los eventos futuros.
El Volcán Calbuco y el Volcán Villarrica son dos ejemplos claros de la importancia de la gestión del riesgo volcánico en Chile. Aunque ambos volcanes tienen características geológicas y eruptivas distintas, ambos representan un desafío para las autoridades y la población local en cuanto a la preparación para emergencias y la mitigación de los riesgos asociados.
La erupción del Calbuco en 2015 fue un evento inesperado que puso de manifiesto la necesidad de contar con planes de emergencia actualizados y sistemas de alerta temprana más eficaces. Por otro lado, la actividad continua del Villarrica permite a las autoridades tener un tiempo de respuesta más amplio, lo que puede ayudar a minimizar los impactos en caso de una erupción más intensa.
En ambos casos, la importancia de la investigación científica, el monitoreo constante y la educación ciudadana no puede ser subestimada. Solo con una combinación de estos elementos se puede garantizar la seguridad de las comunidades cercanas a zonas volcánicas activas y se puede preparar a la población para enfrentar los desafíos que la naturaleza puede presentar.