El Horizonte del Biobío: Un Recorrido Exhaustivo por el Patrimonio, la Naturaleza y la Identidad de Concepción
juni 11, 2026
El volcán Villarrica, ubicado en la región de la Araucanía y Los Ríos, es uno de los volcanes más activos de Sudamérica. Su historia eruptiva es rica y documentada, con registros que datan desde el siglo XVI. En marzo de 2015, el volcán volvió a mostrar su poder, registrando una erupción significativa que llamó la atención de autoridades, científicos y la población local. Este evento fue catalogado como una erupción efusiva con características explosivas, que resultó en la evacuación de miles de personas y el cierre de áreas turísticas cercanas. En este artículo se aborda en detalle la duración de la última erupción del volcán Villarrica, así como las características principales del evento y los efectos que tuvo en la región.
La última erupción registrada del volcán Villarrica tuvo lugar a inicios de marzo de 2015. Según los datos proporcionados por el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin), la erupción tuvo una duración de aproximadamente una hora. Esta actividad se clasificó como “estromboliana intensa”, lo que indica una serie de explosiones moderadas, pero constantes, con emisión de lava y material volcánico.
Durante esta erupción, el volcán expulsó una columna de ceniza que alcanzó una altura de entre seis y ocho kilómetros. La dispersión de los materiales volcánicos se dirigió principalmente hacia el este-noreste, y el impacto de la actividad fue notable en localidades ubicadas a más de 100 kilómetros de distancia, donde se registró la caída de tefra (fragmentos sólidos de material volcánico). Esta magnitud de la erupción obligó a las autoridades a tomar medidas preventivas, como el cierre del Parque Nacional Villarrica y la ampliación de la zona de seguridad alrededor del cráter.
El volcán Villarrica no es ajeno a la actividad eruptiva. Según registros históricos, el volcán ha experimentado una media de una erupción cada cinco, diez o veinte años. Esta alta frecuencia eruptiva lo convierte en uno de los volcanes más activos del país. Por ejemplo, en 1984 tuvo una erupción importante que no tuvo víctimas fatales, pero que sí causó una gran cantidad de lava emitida en un período de dos semanas. En 1971, una erupción más trágica dejó un total de 15 muertos y desaparecidos, y millones de metros cúbicos de lava destruyeron asentamientos cercanos.
Los expertos han señalado que, aunque cada erupción es única, existe un patrón general en la actividad del Villarrica. Por ejemplo, en 2015, los volcanólogos observaron similitudes con la erupción de 1971, en cuanto a la presencia de lava en el cráter, la magnitud de la actividad y la duración. Sin embargo, en el caso de 2015, el evento fue menos intenso que en 1971, lo que permitió una mejor gestión de las medidas de seguridad y evacuación.
La erupción de 2015 se caracterizó por una fase principal que duró aproximadamente 55 minutos, según informes del Sernageomin. Durante este tiempo, el volcán expulsó una columna de cenizas que se elevó entre seis y ocho kilómetros sobre el nivel del suelo. Esta nube de ceniza se dispersó hacia el sureste, recorriendo una distancia de más de 500 kilómetros, aunque no se registró acumulación significativa de material particulado en la superficie, ni hubo impacto notable en la navegación aérea.
Otra característica destacada de esta erupción fue la eyección de material piroclástico alrededor del cráter, lo cual causó el parcial derretimiento del casquete glaciar del volcán. Este proceso generó lahares de baja magnitud que descendieron por varios ríos cercanos, como el Voipir, el Correntoso, el Zanjón Seco, el Carmelito, el Pedregoso y el Turbio. Afortunadamente, estos lahares no tuvieron consecuencias fatales, pero sí representaron una amenaza potencial para las zonas cercanas al volcán.
Ante la actividad eruptiva de 2015, las autoridades locales y nacionales implementaron una serie de medidas de seguridad. El Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) declaró alerta técnica naranja, lo que implica un riesgo moderado a alto. Como resultado, se amplió el perímetro de seguridad alrededor del cráter a ocho kilómetros y se restringió el acceso a esta zona. Además, se decretó el cierre preventivo del Parque Nacional Villarrica para garantizar la seguridad de los visitantes y evitar incidentes.
La evacuación de la población fue otro de los aspectos más relevantes de la gestión de esta emergencia. Según los registros, más de 3,000 personas tuvieron que abandonar sus hogares durante la madrugada del 3 de marzo de 2015. Esta evacuación se llevó a cabo en una operación coordinada entre las autoridades locales, el Sernageomin y las unidades de rescate, con el objetivo de proteger la vida de los habitantes y de los turistas que se encontraban en la zona.
Con el paso de los días, la actividad del volcán fue disminuyendo. El 6 de marzo de 2015, el Sernageomin redujo la alerta volcánica a nivel naranjo, y el 10 de marzo la bajó a nivel amarillo, lo que indicó que el volcán estaba volviendo a un estado de actividad normal. Esta reducción permitió que las zonas restringidas se abrieran progresivamente, y que la población evacuada pudiera regresar a sus hogares de manera segura.
El volcán Villarrica tiene una larga historia eruptiva, con registros que datan desde el siglo XVI. Durante el siglo XIX, se registraron cuatro erupciones centrales, es decir, que no involucraron a los centros eruptivos adventicios, y que tuvieron un impacto significativo en la región. En la primera mitad del siglo XX, ocurrieron movimientos eruptivos entre 1906 y 1908, y una gran erupción en 1948-49, que provocó una de las peores catástrofes en la historia del volcán.
Una de las erupciones más trágicas fue la de 1971, que causó la muerte de 15 personas y el derretimiento de millones de metros cúbicos de lava que destruyeron asentamientos cercanos. La erupción de 1984, aunque de gran magnitud, no tuvo víctimas fatales, pero sí generó una gran cantidad de lava emitida durante dos semanas.
Estas erupciones históricas muestran que el volcán Villarrica tiene una tendencia a presentar eventos eruptivos de alta intensidad, con efectos significativos en la población y en el entorno natural. Sin embargo, la gestión de riesgos ha mejorado considerablemente en los últimos años, lo que ha permitido salvaguardar la vida de las personas y minimizar los daños materiales.
El monitoreo de la actividad del volcán Villarrica es una tarea constante llevada a cabo por el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) y otras instituciones científicas. Los volcanólogos utilizan una variedad de herramientas para detectar cambios en el comportamiento del volcán, como sismómetros, cámaras termográficas y satélites. Estos instrumentos permiten detectar anomalías térmicas, sismos volcánicos y cambios en la morfología del cráter, lo que ayuda a predecir posibles erupciones.
Según informes del Sernageomin, el volcán Villarrica tiene una frecuencia eruptiva muy alta, lo que significa que es probable que vuelva a tener una erupción en un plazo de 10, 20 o 50 años. Además, debido a su ubicación cercana a zonas urbanas y turísticas, las erupciones pueden tener un impacto significativo en la población y en la economía local.
En el caso de la erupción de 2015, los volcanólogos pudieron anticipar la actividad gracias al monitoreo constante. Esto permitió que las autoridades tomaran medidas preventivas y que la población se evacuara con tiempo suficiente. Aunque cada erupción es distinta, los científicos han identificado patrones que les permiten hacer predicciones más precisas y mejorar la gestión de riesgos.
El volcán Villarrica es un fenómeno natural poderoso que ha dejado una huella en la historia de la región. Su última erupción, ocurrida en marzo de 2015, fue un evento significativo que duró aproximadamente una hora, con características de intensidad estromboliana. A pesar de su magnitud, la gestión de la emergencia fue efectiva, lo que permitió evacuar a miles de personas y evitar daños fatales.
Este evento refleja la importancia de un monitoreo constante y de una preparación adecuada frente a los riesgos volcánicos. El Sernageomin y otras instituciones continúan trabajando para mejorar la predicción de la actividad del volcán y para garantizar la seguridad de la población. Aunque el Villarrica es uno de los volcanes más activos de Sudamérica, su historia eruptiva también muestra que, con una gestión adecuada, es posible minimizar los riesgos y proteger la vida y la naturaleza en la región.